Los tigres.

Cuando yo era una niña pequeña, muy pequeña, mi cuento preferido era “El negrito Sambo”. Desconocía entonces que el negrito Sambo fue, es y será , cuando logra sobrevivir, uno de los niños huérfanos de los años pasados, de los que están transcurriendo y de los que vendrán después. El cuento se perdió en una mudanza pero  lo recuerdo casi en su totalidad: Al  negrito Sambo su madre le hace un regalo de cumpleaños. Se lo lleva al mercado y le compra un chaleco de seda, unos pantalones bordados y unas babuchas. Una vez vestido con las nuevas ropas, la madre se adelanta a prepararle tortitas de maíz, mientras el niño se dirige al bosque africano para jugar con los amigos.

 

Apenas ha empezado a caminar cuando un enorme tigre se planta delante de él y le grita con furor: “Dame tu chaleco o te comeré ahora mismo”. El negrito Sambo , intimidado, no tiene más remedio que desprenderse del chaleco que tanto le gusta, y que con tanto sacrificio  le ha comprado su madre, para entregárselo al tigre que introduce en él sus patas delanteras. Mientras tanto, el negrito Sambo escapa corriendo pero ha recorrido   muy poco camino cuando un nuevo tigre ,más grande y feroz que el anterior, le ordena en los mismos términos y con idénticas amenazas que le entregue su pantalón. El  pobrecito niño, acaricia la seda de los pantalones, y mientras se los quita,  admira los bordados que tanto le han gustado a su madre y recuerda que le rogó que los cuidara bien para que sus nietos también pudieran usarlos. Esta vez el tigre introduce las dos patas traseras en el pantalón, y mientras está entretenido, el negrito escapa corriendo hacia su casa . Antes de llegar, un tercer tigre le acosa sin piedad, pero al chiquillo solo le quedan las babuchas, las que su madre le regaló para que se protegiera  de las piedras del camino. Conminado, amenazado, urgido, ante el temor de perecer se las entrega al tigre, que las coloca como adorno en sus orejas.

 

El negrito Sambo corre, corre, corre camino de su casa que ve ya muy próxima. Allí le espera su madre y hasta él llega el olor de las ricas tortitas. Pero también les llega a los tigres que le persiguen. El negrito Sambo piensa que no tiene escapatoria, que los salvajes animales se comerán las tortitas , que tal vez acaben con él y también con su madre. Pero ¡Oh sorpresa! al volver la cabeza,  suponiendo a los tigres  pisándole los pies, ve con asombro que están peleando furiosos por las prendas que  le han robado y que cada uno de ellos quiere para sí; se han agarrado de las colas,  mordiéndoselas, y giran  vertiginosamente formando una rueda alrededor de un grueso árbol. Cuando yo era pequeña el cuento terminaba con sencillez: los tigres permanecían dando vueltas hasta caer exhaustos mientras el negrito Sambo y su madre satisfacen sus estómagos con las tortitas.

 

He olvidado decir al empezar a escribir que el cuento de ayer me ha ayudado a entender lo que sucede hoy. ¡Qué fácil tomar la mentira como verdad!  porque realmente ha sido al contrario: el mundo de hoy me ha enseñado a interpretar el cuento de ayer. Reconozco a los actuales tigres usurpando los pequeños y grandes bienes de los ciudadanos. No puedo pensar en mi cuento de infancia sin ver al protagonista del relato,  acompañado de hombres, mujeres y niños,  acosados, amenazados y saqueados mientras creen recorrer  el camino de la esperanza,  que en mi cuento representa el refugio familiar. Los “tigres” son los gobiernos que  saquean a los pueblos, que dominan, engañan, explotan, despojan, oprimen… Los tigres del relato perecen por su egoísmo, los de la realidad nunca mueren,  pero sí matan, y por la misma razón.

Querido negrito Sambo: Malditos sean los tigres, malditos sean.
 

El dolor de temer

¿Quiéres jugar al miedo?

Si dices sí

saca tu entrada,

coge tu carro,

entra en el túnel y en la oscuridad.

Dentro, a los que se sometan,

los del dinero,

los del poder,

les habrán preparado los fantasmas,

las coacciones, los vaticinios lúgubres,

las premoniciones amenazadoras.

 

 

Si quieres salvarte, si quieres renacer

rompe la entrada

y dale al carro un puntapié.

Ponte de espaldas al túnel y enciende una luz,

no te dejes someter:

Piensa

Piensa

Piensa

Y toma la calle después.
 

Bienvenidos a mi blog

imagen_reflejada_l He dedicado  gran parte de mi vida a hacer imagen. Así, como suena, porque la imagen de televisión, que ha sido la mía, se prepara, se  dispone a conveniencia, sin espontaneidad -salvo  el directo- y se convierte en imagen objeto.

 

Me ha gustado mucho hacer imagen, pero tampoco me ha costado en exceso abandonarla. Ahora necesito más el teclado del ordenador. Lo necesito tanto que no he podido resistir la tentación de abrir este blog.

 

Quienes estéis interesados en entrar y compartir mis reflexiones, seréis bienvenidos.