El hoy como pesadilla

Usar puntuación: / 0
MaloBueno 

Voy a contar la pesadilla que tuve la otra noche.

 

Me veía andando por una calle poco acogedora con un grupo de jóvenes a los cuales me unía al parecer una cordial relación de amistad. Íbamos contentos saltando por las baldosas amarillas como en el Mago de Oz y hablando de un maravilloso programa de televisión que pensábamos hacer; un ambicioso proyecto en el que íbamos a poner nuestra experiencia y conocimiento y en cuyo resultado confiábamos plenamente. De pronto nos detuvimos porque nos impedía continuar un grupo de hombres de aspecto hostil y paleto que cerraban el camino. Tampoco nos dejaban mantener la conversación, que ellos  -por la dinámica de los sueños y a veces también de la realidad- conocían ya con todo lujo de detalles. Estaban al corriente del programa, de sus antecedentes y de su contenido.

 

Que eran adivinos y se anticipaban a nuestros planes se manifestó cuando, con una seguridad displicente, nos dijeron que nunca podríamos  hacer el espacio televisivo que preparábamos porque no íbamos a saber. Al decir esto se dirigían a mí que me lo tomé muy a pecho. Les contesté que tal vez no se equivocaban, que posiblemente nunca llevaríamos a cabo nuestro deseo pero no por incapacidad sino por una cuestión, imprescindible para crear:  pensar, hablar y trabajar con libertad. Imposible hoy en la España del PP.

 

Me desperté incómoda, desencajada, como si algo grave hubiese sucedido. No se trataba de que nadie me hubiera querido hacer daño, como suele pasar en los malos sueños. No se trataba de mí. Yo ni quería ni podía hacer otra cosa que lo que estaba haciendo: por nada del mundo volvería a la imagen, pero sí querría que la gente joven pudiera soñar e inventar con libertad.

 

Intenté tranquilizarme; ya era consciente de los cambios que se sucedían en la televisión pública. Cambios en los presentadores de mayor prestigio y popularidad, sustituidos con torpeza. Informativos a todas luces cercenados, emitidos con retraso  o silenciados. Sin embargo, nunca pasó por mi cabeza, ni siquiera en el sueño, que podríamos llegar a tanto. No me he separado de la televisión. He permanecido frente a la pantalla como la más adicta de las televidentes. He vivido la peor de las pesadillas, despierta y de día.

 

¿Qué se ha creído esta gente? ¿Acaso piensan que somos tontos y comulgamos con ruedas de molino? Lo peor del pasado estaba allí, ante mis ojos. Solo faltaba Franco con la claqueta. Me asusté. No porque viera de verdad al dictador, pero sí vi la dictadura. Era el mismo espíritu, parecida gente y similar estilo, donde hasta los planos eran de derechas. Y no es broma. Hay en la derecha una manera de hacer televisión tan convencional y tosca que es inconfundible.

 

Qué decir de las numerosas entrevistas y tertulias de 24 horas. ¿Dónde han ido a parar los periodistas que han ejercido con entrega y competencia como entrevistadoras o coordinadores de  tertulianos que antes aportaban diversas visiones de la realidad política y económica? Ahora solo ofrecen la uniformidad de criterios de un partido único, dada su mayoría absoluta, y autoritario  por el uso que hace de ella. El PP debe llamar unidad al lavado de cerebro que el gobierno en pleno y sus lacayos pretenden hacer a los telespectadores. 

 

Quizás sucede una cosa en la que no hemos caído: el gobierno está aprovechando la televisión para dar formación en los mass media a sus familiares y amigos, todavía ignorantes y novatos, y, es lógico que el primero en utilizar este sistema de aprendizaje haya sido el ministro de Educación con su propia mujer ¿a que evaluación la ha sometido para ocupar un puesto en nuestra televisión publica?.

 

Como una se hace a todo y el cuerpo necesita descansar, he vuelto a dormir bien. Eso sí, no he dejado de darme cuenta de que las cosas van de mal en peor y que la gran novedad que nos dedica la nueva dirección de TVE es Bertín Osborne que dirigirá un programa social,... titulado “Un mundo mejor” en la 1 las tarde de los domingos, a partir del 30 de septiembre . Se lo trae de Intereconomia cuya objetividad y tolerancia, voluntad de unidad autonómica y social, e inclinación hacía lo nuevo o innovador son bien conocidas.

 

Y me parece que no hemos tocado fondo. Solo estamos empezando a caer. 



Add this page to your favorite Social Bookmarking websites